7.9.10

2.

Y esa noche, esa noche no hubo palabras ni reproches. Solo miradas, roces y todo lo que eso conlleva. Ella se dejó y el se abandonó. Quisieron dejarlo por momentos pero no se coordinaban. Cuando ella se intentaba separar el se lo impedía y cuando era él quien buscaba librarse ella lo sujetaba con todas las fuerzas que tenía. Llevaban tanto tiempo queriendo perderse el uno en el otro que no pensaron en nada más. Fue primero cruzando una puerta, luego cayendo en un sillón viejo para seguir por el pasillo y acabar tropezando con la alfombra. Su vestido estorbaba y el se estaba dando cuenta. Ella se ensañó con su cinturón, luego con el botón de sus vaqueros y posteriormente con su boca. El ya no podía desnudarla más de lo que estaba y temblaba al verla así. Ella, entre vergüenza y felicidad solo sabía callarlo a mordiscos. No había remordimientos ni pensamientos hacia terceras personas porque en ese momento eran solo ellos dos y el mundo les importaba bastante poco. Un pie se entrecruzaba con otro y una mano, salvaje, buscaba soltarse de su pelo sin saber hacerlo. Con los ojos cerrados luchaban contra todo objecto que entorpeciese el choque de sus cuerpos, no querían entrometimientos. Ella lo llevaba esperando demasiado y el, inconscientemente, suspiraba lo nunca suspirado. Su móvil sonaba pero el lo ignoraba. Ella sonreía, con miedo, aun que no lo admitía. El estaba ya seguro y ella quería morirse a su lado. Ambos miraron el reloj e ignoraron el tiempo. Esa noche, no hubo palabras ni reproches. Esa noche, esa sola noche, los dos se enamoraron perdidamente.Y luego ya nada volvió a importar porque nunca los volverían a ver. Fue la noche en la que dos personas se abandonaban al acto del amor mientras sus cabezas paseaban entre el resto de los individuos de la ciudad. Una despedida en toda regla, sin adioses ni lágrimas.

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