23.10.10

17.

Y entonces salió el.. de una ínfima sombra de aquella vieja esquina.
El lugar que lo rodeaba no le gustaba para nada, se sentía confuso, triste, agobiado, incomprendido y ofuscado, pero salió de allí, con las manos posadas sobre las pequeñas teclas doradas... y, aunque sentía que no tenía fuerzas para más, sopló y volvió a soplar, haciendo que su música se escuchara más allá del lugar del que deseaba partir.
¿Lo que no sabía? que así como el lobo soplando tiró con las casitas, el también, poco a poco, soplando, fue haciendo que la gente que lo escuchaba sonriera, pese a que cabía la posibilidad de que fuera su último soplo, su última canción.

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