26.10.10

18.

Escuchó a la hora de la comida, entre tenedores y vasos, que ya era hora de que lo olvidarán, de enterrar el pasado, y lo tomó al pie de la letra. Pese a su corta edad, Marcos ya sabía mucho más que las personas, mucho más que las pesadillas. Bien cierto es que tardó casi media tarde rebuscando en el fallado, entre cajas y fotografías, hasta dar con todo lo necesario.
Un retal de tela, a poder ser manchado y de color granate. Un cuaderno sin unas cuantas hojas cuadriculadas. Cualquiera juguete con colores rechamantes y lo tenía ya todo.
Esa noche, la de navidad, su abuelo recordó la imagen de su mujer cada vez que hacía de comer con aquel viejo y sucio mandil de color rojizo. Su tía sonrió al ver la nota de aquel cuaderno "puedes volver a empezar de nuevo con la medicina" y sus padres se alegraron de haberlo tenido como hijo, en aquella viva imagen llena de colores.
Marcos, pese a su corta edad, sabía mucho sobre las personas y sus pesadillas. Sabía que el pasado, a veces, debe permanecer desenterrado para recordarnos que aún quedan cosas sobre la superficie.

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