1.11.10

22.

Era la indecisión, apoderándose nuevamente de su cabeza y de sus pies. No sabía si girarse y pasar o saltar y tirar. El partido estaba en su momento de máximo auge y el no sabía que hacer. Había aprendido, desde muy pequeño, que era un juego en equipo, que tenía que saber apoyarse en sus compañeros y ayudarlos cuando fuera necesario, pero también le dijeran que en los momentos en los que, individualmente, tocaba brillar, no se debía dudar ni un ínfimo segundo. Ahora, estaba en uno de esos momentos en los que podía brillar pero con la ayuda de alguien y nadie le había enseñado nunca que hacer en esos casos. Lo que no quería, era que el tiempo del marcador decidiera por el. Era hora de tomar una decisión, ya.

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