4.11.10

24.

Por más que lo intentaba no podía entender su comportamiento. Escasas veces se veían aunque hablaban muy de lejos, eso si, las conversaciones eran escasas, cortas y sin relevancia. Era ese, principalmente ese, el motivo por el que no entendía que luego al verse, una vez cada cuatro meses, le atacara de la forma tan drástica y voraz como lo hacía. Tomaba una posición al principio ajena, despreocupada. Hacía como que no sabía de su presencia en el lugar y, tomando el cambio, se acercaba. Llegaba hasta el más cercano de su lado y atacaba. Unía su cara a su cuello, usaba el recurso del abrazo, motivaba a sus instintos a acabar en cualquiera esquina oscura. No podía ser verdad, era inentendible. Era surrealista, alocado y sin sentido. No tenía razón para tirarse a su cuerpo si prácticamente eran desconocidos. Su actitud no cambia, no va a cambiar. Seguirá, su comportamiento, siendo objeto de estudio.

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