9.11.10

27.

- ¡Silencio! ¡Silencio dije! ¡A callar todos!
La maestra siempre golpeaba la mesa mientras se colocaba las gafas para empezar a dictar el texto de la mañana pero, ese día, lo hacía con más ímpetu que nunca. Los niños le solíamos hacer caso pero, también ese día, misteriosamente todos estábamos alterados y hablando de más. Yo, en mi pupitre de madera apolillado de la segunda fila, agaché medianamente la cabeza e hice que mi vista desenfocase la cara enfadada de la señorita para centrarme en el dictado que dejara, el día anterior, sin acabar. "... y así fué como consiguieron, Miguel y su hermano, la victoria de la partida de chapas."
"A día de hoy, se que ganar una partida de chapas con un hermano es uno de los mejores recuerdos que puede tener un niño de su infancia. Por eso, ya acabado el curso y teniendo yo más conciencia de su situación, lamento entregarle el dictado tarde y con las faltas que pudiese tener, señorita. Se que aquel día le acababan de comentar la desaparición del suyo en el ejército y que, por eso, golpeaba con más fuerza la mesa y gritaba en un tono más alto. Verdaderamente, lo siento. Tuvo que ser muy difícil para usted dictar lo dictado."

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