30.11.10

31.

Viéndote tras el espejo retrovisor, me pregunto si alguna vez, cuando pasas por delante de tu antigua casa, te acuerdas de lo que allí pasaste. De lo que ahora podría pasarte si no hubieses tomado aquella decisión. Durante las paradas de los semáforos en rojo, y alguno que otro en ámbar  pienso en como eres capaz de evadirte de todo lo que forma parte de tu pasado y en como se te puede hacer tan sencillo no pararte a recordar. En los dos únicos pasos de peatones en los que el coche se detuvo, mi cabeza tiene una gran confusión al no saber si sentir admiración o desprecio al pensar en ti, al verte. El debate en el que se discute si tu caminas más en dirección de lo que está bien o lo que está mal parece acabar al aparcar en segunda fila, delante de aquella furgoneta gris metálica. Salir y verte partir, tras arreglar la parte del cinturón que rozaba tu cuello, no me molesta lo más mínimo, no me hace pensar en nada. En ese momento creo haber acabado la sesión de pensamiento, reflexión y filosofía pero, al introducir la llave en la puerta de casa, un último pensamiento vuela fugazmente en mi frente. Si todavía te seguirías acordando de ella a pesar de tener a otra al lado durante todo el viaje.

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