27.12.10

35.

Llevaba mucho tiempo queriendo verlo así. Estaba bajo el sol de un otoño que amenazaba con empezar a volverse frío. Su pelo amelenado le seguía haciendo una cara con un corte atractivo y juvenil. Las gafas de sol, pese a que ya no tenía que guardárselas en mi bolso, le suponían un esfuerzo entre los dedos si no las necesitaba puestas, se le notaba por la forma en la que iba turnando su derecha y su izquierda, continuamente, para transportarlas. Pero, pese a que nada parecía haber cambiado en un año, si algo ya no era lo que había sido. Su sonrisa, su preciosa sonrisa, la que tantas veces regalaba sin pedir nada a cambio, ahora se veía incluso más grandiosa. Verlo así, después de meses sin verlo de esa manera, me hizo sentir algo por dentro que intenté no se notara por fuera. De lejos, como ya siempre, le pregunté: "eh tu, ¿recuerdas como se torcía el brazo para dar la señal?" y tan estúpido como siempre me respondió: "claro niña tonta, a la derecha pero hacia atrás".
Lo que me hizo marcharme completamente satisfecha no fue que recordase la señal, ni que tras ella me regalase una de sus renovadas sonrisas. Lo que me hizo crecerme fue la mueca prepotente de su cara acompañada de un perfecto corte de manga en consonancia con su faz. Sabía que esperaba una respuesta a eso.

23.12.10

34.

De como es enamorarse en un trayecto de autobús puede hablarnos cualquiera ser humano acostumbrado a usar el transporte público los fines de semana.
Aquella vez, ella dijera que fuera diferente a todas las que antes le habían ocurrido. En las anteriores ellos la miraban, la ayudaban a subir la maleta o le sonreían mediante el reflejo del cristal. Aquella vez, el no la mirara, no le hablara ni le regalara una media sonrisa.
Por todo esto, ella dijo que aquella vez fuera la mejor. Fuera la más especial y en la que más se enamorara. Tanto, que al bajar las escaleras para salir del bus, se volvió un segundo...
- ¡Gilipollas!
- No voy a salir corriendo detrás de ti
- Tampoco pensaba en que lo hicieras...

... y tras ese segundo, ya nunca se sube en el de las dos. Siempre espera al de las tres.

19.12.10

33.

Las copas de la noche ya habían hecho su parte dentro de la preparación para el interrogatorio. Sin darse cuenta, no hizo falta ni que su amigo abriera la boca. Las preguntas se obviaron y las respuestas salieron solas.
- Oye, ¿que te pasa? ¿a que viene esa cara?
- Es que no se ha dado ni cuenta de que ya han pasado más de cien días...
- Pero... ¿aun sigues empeñado en ella? No eres tonto, sabes de sobra que está con otro. Los viste más de una vez por la calle y no es la primera vez que lo besa delante de ti.
- Ya, si yo me alegro de que esté siendo lo feliz que nunca había sido pero... son cien días  Cien, que se dice pronto. Y, con lo lista que es, me extraña que en ninguno de estos días se haya atrevido a preguntarme que fue lo que pasó realmente.
- Venga tío, olvídala  Sabes que las personas a veces nos complicamos la vida sin saberlo. Tu ahora lo estás haciendo. Ella quiere vivir sin saberlo y tu tienes que saber que solo te queda vivir sin ella.

16.12.10

32.

Son como etapas que toda persona tiene que atravesar. Mientras unos corren y sienten el aire otros caen y notan fluir la sangre pero en algún momento las fases se superponen, se entrelazan, se llegan a intercambiar y es entonces cuando el clímax llega. El minuto, a veces convertido en mucho más tiempo, compartido por ambos grupos de personas es el de tener que levantarse para seguir corriendo y volver a caer. El ciclo de la carrera continúa. El ciclo de la carrera nunca para.