27.12.10

35.

Llevaba mucho tiempo queriendo verlo así. Estaba bajo el sol de un otoño que amenazaba con empezar a volverse frío. Su pelo amelenado le seguía haciendo una cara con un corte atractivo y juvenil. Las gafas de sol, pese a que ya no tenía que guardárselas en mi bolso, le suponían un esfuerzo entre los dedos si no las necesitaba puestas, se le notaba por la forma en la que iba turnando su derecha y su izquierda, continuamente, para transportarlas. Pero, pese a que nada parecía haber cambiado en un año, si algo ya no era lo que había sido. Su sonrisa, su preciosa sonrisa, la que tantas veces regalaba sin pedir nada a cambio, ahora se veía incluso más grandiosa. Verlo así, después de meses sin verlo de esa manera, me hizo sentir algo por dentro que intenté no se notara por fuera. De lejos, como ya siempre, le pregunté: "eh tu, ¿recuerdas como se torcía el brazo para dar la señal?" y tan estúpido como siempre me respondió: "claro niña tonta, a la derecha pero hacia atrás".
Lo que me hizo marcharme completamente satisfecha no fue que recordase la señal, ni que tras ella me regalase una de sus renovadas sonrisas. Lo que me hizo crecerme fue la mueca prepotente de su cara acompañada de un perfecto corte de manga en consonancia con su faz. Sabía que esperaba una respuesta a eso.

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