14.2.11

41.

Tras el cristal del coche, solo podía quedaba pensar en que a partir de ahora ya no tendría a nadie que le estropease las noches con amigos y cerveza, que le acabase con el gas justo antes de ir a ducharse o que le dijese todos los días lo mal que se peinaba. A partir de ahora, tenía infinita libertad para probar diferentes tonos de piel y distintos colores de pelo. Libertad para elegir lo que hacer y decir. Libertad para meterse en la bañera, en cualquier momento.

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