4.3.11

45.

Ahora era más fácil decir que el sueño estaba agromando. Evitar tener que hacer frente a la situación que nunca se llegaría a dar. No se pudo hacer nada porque primero fue un pijama, luego una sábana y, finalmente, una manta. Hizo lo que dijo que haría: descansar. Meterse en la cama y dormir. Tomarse un fin de semana para su tiempo y para sus cosas. Pensaría en todos los cambios que vendrían, en las cosas que echaría de menos y en aquellas que, no muy tarde, comenzaría a adaptar. Se centró en su persona, no escatimó en ego ni en autoestima y, al final, se dio cuenta de que, al decirle aquella vez que se iba ya para cama, a ella no le dio ni tiempo a decirle adiós. Quizás, simplemente no quisiera decírselo.

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