8.3.11

48.

Se tapó, desde los hombros hasta el ombligo. Y se rió, se rió a carcajadas como una niña tonta. ¿Por qué ahora ese inexplicable ataque de vergüenza? No tenía sentido sonrojarse cuando ya el conocía todo su cuerpo. Quizás fuese el llevar tanto tiempo sin compartir ducha o tal vez la sorpresa de que siguiese controlando el abrir la puerta del baño cuando estaba pechada por dentro. Pero era el, seguía siendo el aún tras tanto tiempo de divorcio. Matizó, reflexionó y dejó caer el jersey con el que se cubría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario