12.3.11

51.

Todo estaba en su lugar, tal y como lo había dejado. Los platos seguían siendo los habitantes de la lacena superior. Al lado los vasos: los altos, los normales y los pequeños, esos que le encantaban a sus enanos. La mesa permanecía arrimada a la pared, con el mantel coloreado y las marcas de bolígrafo. Aquellas marcas de color azul que tanto tiempo le habían robado al intentar borrarlas sin resultado. El fregadero figuraba impoluto, pero no tanto como todo el mármol gris de las sillas. La nevera mantenía su decoración de dibujos ya algo desgastados, pero que mantenían los trazos y los diferentes colores todavía vivos.
Los años no habían pasado por aquella cocina, sin embargo, le atemorizaba salir al pasillo y adentrarse en las habitaciones.

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