19.3.11

52.

Empezó a sentir frío en las puntas de los pies y notó que estaba llegando ya la hora de despertar. Tras cinco horas de viaje era normal que se quedara dormida. El asiento del coche no era en mejor sitio para soñar pero por lo menos hacía que el sol que entraba por la ventanilla se sintiese mucho más suave. El paisaje corría tras el cubículo cuadrado y no volvía a repetirse, eran, todas, imágenes nuevas y extraordinarias. Dignas de no olvidar. Ahora solo le apetecía ver otro dibujo coloreado, pero esta vez del interior del vehículo. Si, el seguía allí, agarrado a su volante con toda la firmeza de quien tiene que conseguir que ella llegue a tiempo. Seguía cantando muy bajito las canciones del viejo CD que le regalara. Seguía igual que cinco horas antes. Sonriéndome.

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