27.4.11

65.

Era la persona más tímida que había conocido, o al menos eso era lo que perfectamente aparentaba. Se reía con y sin motivos pero nunca lo hacía de verdad. Lo había conocido... no se, tal vez por la calle, quizás gracias a un par de presentaciones. Sinceramente, ya no tiene ni idea de como empezó todo pero no olvida como es: frío. Bajo su timidez característica esconde el potencial de las típicas personas que no se dejan mostrar, ellos son así, el es así. Escaso en palabras y grande en conocimientos. Así era el y así le gustaba que fuera. Ya no recuerda como empezó todo pero si tiene memoria para apuntar el momento en el que cambió, fue de repente, sin aviso previo. De un día para otro, cambiaba su forma de vestir, sus expresiones desaparecían, su imagen semejaba otra y, lo peor, su forma de ser también sucumbía a la mutación. Nunca se lo perdonó, eso no. Consistió días malos, incluso días en los que el silencio era su única transmisión. Dejó que le hablase de ellas, que sus historias fuesen objeto de sus penas, que le dijese que no dos mil cuatrocientas trece veces y que no le contestase a las preguntas que cuestan tanto hacer. Permitió que no prometiera lo que decía, que usase primero el verbo tocar y luego se refugiase en el olvidar pero no el que cambiara. Dejaba los cuadros por las rayas, los colores neutros por los que llamaban la atención, las tiendas olvidadas por las que usaban rótulos, las noches de estudio por las madrugadas con amaneceres resacosos y dejaba de ser el chico tímido para convertirse en el frío. No lo comprendía ni lo olvidaba. No lo comprendo ni lo olvido. No te comprendo ni te olvido. Ahora, solamente ya no importa.

24.4.11

64.

Escuchó el timbre y entendió la señal a la perfección: habían llegado, justo a tiempo y euforicamente. Esa noche todas las expectativas estaban puestas en la consecución de un solo fin, celebrar que habían acabado. Eran libres y se sentían bien.
Tras tantos años juntos, encerrados en clases y en lo que no eran clases, ahora tocaba festejar que su meta estaba lograda. No querían tampoco sentirse viejos y acabados, por lo que habían planeado empezar la noche temprano para poder llegar a disfrutarla hasta la salida del sol. Era una promesa grupal, de las que non se pueden quebrantar.
Cogió llaves, cartera y colgante, y trataba de guardar ambos primeros en el bolso a la vez que llamaba al ascensor y se ponía el collar. Ese collar que nunca se quitaba de encima. En cuanto consiguió resolver todo, pulsó el botón de planta baja. Ahora sólo faltaba esperar la bajada de siete pisos, que para las nuevas tecnologías no supone nada, y presentar su nuevo modelo en público.
En cuanto notó la parada a la altura de la mitad del tercer piso, se dio cuenta de que el plan de empezar la noche tempranito no saldría positivamente adelante. Tuvo tiempo para pensar en lo que esa celebración supondría. Seguramente algún secreto desvelado, algún fugaz plan de futuro, algún chiste y muchas anécdotas graciosas, lágrimas de los más sensibles y burlas por parte de los duros del grupo... tras todo esto, llegaría la despedida.
Serían libres y ya no se sentirían tan bien.

22.4.11

63.

- ¿Sabes que ella es la única que me llama así?
- ¿Te molesta?
- Pues… si, o no… no lo sé. El caso es que no me gusta que me llamen así pero ella me lo dice porque no sabe que no me agrada. Simplemente lo hace porque le sale así. No lo entiendo de verdad.
- Invítala a cenar. Aclarad el tema.
- ¿Qué tema?
- El tema de que se refiera a ti así. El tema de que a ti no te gusta. Las cosas se dicen y se entienden, hombre. No creo que le parezca mal.
- Es que le sale solo. Le sale solo a ella decírmelo de esa forma y, pese a que del resto de la gente no me gusta, de ella apenas me sienta mal. Podría decir... que incluso me suena bien. Probablemente sea porque radica de su inocencia.
- Si… la verdad… es que ella es tan... No sé qué haremos cuando se vaya.
- ¿Irse? ¿Por qué?
- Irse, si ¿nadie te lo había comentado? Ella no quiere que se haga público tan rápidamente pero le han ofrecido un puesto mejor. A cuatrocientos quilómetros. Va a ser triste dejarla. Es una de las mejores profesionales que han formado parte de nuestro equipo. Una de las mejores… la mejor incluso.

21.4.11

62.

Sin más, contestaste con insultos, con palabrería borde y malos gestos. Tus frases llenas de odio, prepotencia y virilidad sin sentido, hacían daño. Tú no lo notabas. Seguías diciendo cosas que no venían al caso, reprochando momentos e ideologías que para nada entraban en el tema. Como de la nada, salió el otro tu que solo había visto aquella vez. ¿Lo peor de todo? Que esta vez no acabaría la discusión en un fogoso encontronazo dentro de un ascensor. Ni de un coche, de una casa, de un probador... Sin más, esa noche, decidí no soportar que montaras un numerito sin motivos.

19.4.11

61.

Lo había visto en muchas películas y en muchas series, también. Lo había incluso leído en bastantes libros, muchos de ellos destacados. ¿Y quién no sabe de alguna escena en la que se ve a el o a ella, protagonista de una historia, ahogando sus penas en el fondo de una copa apoyada sobre la barra de cualquier bar? La imagen cobra más sentido en relación a lo mugriento que esté el local y el grado de tristeza es inversamente proporcional a la cantidad de personas que rodean al protagonista. Esta vez se sentía como ese protagonista de historia mal hecha, sobre un taburete de madera, bebiendo chupitos de agua para morder dulcemente el limón. La cantidad de vasitos, colocados en forma de inicial, de la barra podrían hacerle pensar a cualquiera que era hora de irse a casa y de acostarse. A cualquiera que no supiese de los grados de alcohol del líquido. Era ya el número doce, el pequeño vaso número doce que no pagó.
Empezó por un:
- Yo invito a está
- ¿Tu quien eres?
(...)
- Así que la cuenta te va a salir mucho más barata de lo que pensaba...
- Parece ser que si
- ¿Y que pretendes hacer cuando acabes ese?
- Pues... en cuanto acabe este, el último, creo que saldré por esa puerta a intentar empezar algo
El se levantó, le cogió el chupito, se lo bebió y le dijo que ya estaba lista para irse pero se había olvidado de morder el limón.

12.4.11

60.

Querido:
Hoy, probablemente no puedo darte un motivo claro para justificar el verme haciendo esto. Nada nuevo ocurrió durante la jornada. Nada nuevo, sin más. Para romper la costumbre, el tiempo aquí es favorable, algo fuera de lo normal. El sol aparece por cualquiera rincón de la ciudad. Por pequeño que sea y esto es lo que hace que te escriba, que me acuerde de ti, que sienta la necesidad de que me llegues a leer en algún momento.
Dentro de nada volveré a salir de casa, ya sabes, el trabajo. Esas tareas que me quitaban el tiempo que te debía entregar a ti. Ahora, más que nunca, veo que tu tenías toda la razón. Seguramente no hubiesemos sacado nada en limpio. No hubiesemos avanzado. El caso, es que hoy acabo, hoy termino todo. Las cosas por las que mis enfados paraban en ti, las cosas por las que no conseguías hacerme sonreir. Aquellas cosas. Como la canción.
Es irónico y macabro que todo tenga que poner su punto y final hoy, un día tan soleado. Un día tal cual hoy, como cuando me dejaste tus gafas de sol.
Un día en el que acaba lo que ya acabó.
Un día en el que el sol se va a poner como ya se puso.
Un día en el que yo volveré a empezar como tu lo hiciste.
Un día de sol, en el que ya puedo ponerme mis propias lentes, decir que mi trabajo está acabado y dormir. Tranquilamente. Sabiendo que algún día tu leerás esto. Un día que, probablemente, vuelva a llover.

10.4.11

59.

- Podrás creer ahora que no es verdad pero es solo para tí. Mírame a los ojos, no apartes la mirada por favor. Quiero que mañana cuando lo recuerdes me vuelvas a ver.
- ¿Entiendes que es muy probable que no verdad?
- ¿El qué? ¿El que no nos volvamos a ver?
- Si, exactamente eso.
- Cierra los ojos, quiero decirte algo. Son tres cosas las que busco en alguien. Tú ya tienes, ahora mismo, dos de ellas. Solo eso.
- ¿Y cual es la que me falta?
- Tendrás que descubrirlo. No quedará más remedio que volver a encontrarnos. Sé que va a ser así y no me preguntes por qué. Mírame.Mírame y quédate con esto.

Y es cierto. Dos ojos azules en el medio de cientos de caras es lo mejor que se puede recordar.

8.4.11

58.

Porque si, porque decidió irse y dejarte sola. Sola en un día como hoy en el que, hace muchos años, una pareja se sentía completamente realizada.
Tantos años después, ahora, soy yo la que te vuelvo a dejar sin compañía y no lo hago inconscientemente. Me duele, claro que me duele, pero las cosas tienen que pasar así. Realmente el día soleado, el viaje y la compañía no amparan la caída de ánimo de mi pensamiento. Mi declaración de intenciones.
Son cosas que, simplemente, te hacen pensar en que tal vez muchas de las situaciones que viviste tú con anterioridad tampoco fueron como creiste. Tal vez el decidió dejarte por otro motivo que no fuera la chica ajena. Tal vez perdiste el autobús porque el conductor salió antes de la estación y no porque tu durmieses más. Tal vez, yo me voy hoy para hacer que cuando vuelva me quieras un poco más. Porque te prometo, te prometo que voy a volver.

5.4.11

57.

Cada vez que suena esa canción, esa maldita canción, irremediablemente tu pelo se posa en mi cuello y tu cara toca mi pecho. Tu aliento rebota sobre mi piel y mi subconsciente se tapa con las mantas de aquel olvidado piso de ciudad. Motivos estos suficientes como para que me de alergia esa música, para que no soporte la letra y me agobie la mezcla de ambas cosas. Cosas de una canción que, al fin y al cabo, cuando hace que vuelva a escuchar aquel “podría quedarme así para siempre” se convierta inexplicablemente en la canción más perfecta de entre las mejores.

4.4.11

56.

- No podemos seguir así, de verdad que no podemos.
- Ya pero...
Se abalanzó sobre su cuerpo, sujetándose centralmente en su cuello, y le dijo que no. Le dijo la palabra no. Le repitió la palabra no durante segundos.
Seguramente el no estaba entendiendo nada de esa situación pero no había nada que comprender. Quería que se quedase allí, que siguiera haciendo que su piel temblase. Que por un momento no hubiese pasado tanto tiempo entre ambos.
El tiempo que duró ese abrazo, ella olvidó al resto de hombres con los que se había reído  El tiempo que duró el abrazo, nocturno, simplemente fue tiempo y no podía dejar de oler la colonia que tanto había echado de menos.
En la calle no quedaba ya nadie y debían volver a casa.
- Venga, de verdad, vámonos.

2.4.11

55.

Sé que no vas a decir que no. Proponga lo que te proponga. Vas a coger las llaves de encima de la mesita oscura y echarle la mano a la cazadora. El paraguas ya está dentro del coche y por el dinero no hay problema. Lo pongo yo. Sé que si te digo que en diez minutos en la puerta, vas a estar. Las llaves ya están en el contacto y la cazadora en el asiento del copiloto. Te encanta que te grite por no ponerla atrás desde un primer momento. Las llamadas perdidas ya empiezan a figurar en la pantalla de tu nuevo teléfono y tu solamente subes el volumen y te ríes cantando como un loco. Sabes que vas a llegar tarde a propósito, pero que vas a llegar. Nos esperan allí, y vas a aceptar en cuanto te lo diga. Nada más lance tu entrañable cazadora al asiento trasero junto con mi bolso. No vas a negarte.