4.4.11

56.

- No podemos seguir así, de verdad que no podemos.
- Ya pero...
Se abalanzó sobre su cuerpo, sujetándose centralmente en su cuello, y le dijo que no. Le dijo la palabra no. Le repitió la palabra no durante segundos.
Seguramente el no estaba entendiendo nada de esa situación pero no había nada que comprender. Quería que se quedase allí, que siguiera haciendo que su piel temblase. Que por un momento no hubiese pasado tanto tiempo entre ambos.
El tiempo que duró ese abrazo, ella olvidó al resto de hombres con los que se había reído  El tiempo que duró el abrazo, nocturno, simplemente fue tiempo y no podía dejar de oler la colonia que tanto había echado de menos.
En la calle no quedaba ya nadie y debían volver a casa.
- Venga, de verdad, vámonos.

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