12.4.11

60.

Querido:
Hoy, probablemente no puedo darte un motivo claro para justificar el verme haciendo esto. Nada nuevo ocurrió durante la jornada. Nada nuevo, sin más. Para romper la costumbre, el tiempo aquí es favorable, algo fuera de lo normal. El sol aparece por cualquiera rincón de la ciudad. Por pequeño que sea y esto es lo que hace que te escriba, que me acuerde de ti, que sienta la necesidad de que me llegues a leer en algún momento.
Dentro de nada volveré a salir de casa, ya sabes, el trabajo. Esas tareas que me quitaban el tiempo que te debía entregar a ti. Ahora, más que nunca, veo que tu tenías toda la razón. Seguramente no hubiesemos sacado nada en limpio. No hubiesemos avanzado. El caso, es que hoy acabo, hoy termino todo. Las cosas por las que mis enfados paraban en ti, las cosas por las que no conseguías hacerme sonreir. Aquellas cosas. Como la canción.
Es irónico y macabro que todo tenga que poner su punto y final hoy, un día tan soleado. Un día tal cual hoy, como cuando me dejaste tus gafas de sol.
Un día en el que acaba lo que ya acabó.
Un día en el que el sol se va a poner como ya se puso.
Un día en el que yo volveré a empezar como tu lo hiciste.
Un día de sol, en el que ya puedo ponerme mis propias lentes, decir que mi trabajo está acabado y dormir. Tranquilamente. Sabiendo que algún día tu leerás esto. Un día que, probablemente, vuelva a llover.

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