19.4.11

61.

Lo había visto en muchas películas y en muchas series, también. Lo había incluso leído en bastantes libros, muchos de ellos destacados. ¿Y quién no sabe de alguna escena en la que se ve a el o a ella, protagonista de una historia, ahogando sus penas en el fondo de una copa apoyada sobre la barra de cualquier bar? La imagen cobra más sentido en relación a lo mugriento que esté el local y el grado de tristeza es inversamente proporcional a la cantidad de personas que rodean al protagonista. Esta vez se sentía como ese protagonista de historia mal hecha, sobre un taburete de madera, bebiendo chupitos de agua para morder dulcemente el limón. La cantidad de vasitos, colocados en forma de inicial, de la barra podrían hacerle pensar a cualquiera que era hora de irse a casa y de acostarse. A cualquiera que no supiese de los grados de alcohol del líquido. Era ya el número doce, el pequeño vaso número doce que no pagó.
Empezó por un:
- Yo invito a está
- ¿Tu quien eres?
(...)
- Así que la cuenta te va a salir mucho más barata de lo que pensaba...
- Parece ser que si
- ¿Y que pretendes hacer cuando acabes ese?
- Pues... en cuanto acabe este, el último, creo que saldré por esa puerta a intentar empezar algo
El se levantó, le cogió el chupito, se lo bebió y le dijo que ya estaba lista para irse pero se había olvidado de morder el limón.

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