21.4.11

62.

Sin más, contestaste con insultos, con palabrería borde y malos gestos. Tus frases llenas de odio, prepotencia y virilidad sin sentido, hacían daño. Tú no lo notabas. Seguías diciendo cosas que no venían al caso, reprochando momentos e ideologías que para nada entraban en el tema. Como de la nada, salió el otro tu que solo había visto aquella vez. ¿Lo peor de todo? Que esta vez no acabaría la discusión en un fogoso encontronazo dentro de un ascensor. Ni de un coche, de una casa, de un probador... Sin más, esa noche, decidí no soportar que montaras un numerito sin motivos.

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