3.5.11

67.

No podía estar mintiendo. Era imposible que con ese color de ojos saliera de su boca una palabra incierta y eso fue lo que la empujó a tomar la decisión de pedírselo:
- Llévame abajo y hazme el amor hasta que no nos queden fuerzas.
- ¿Sabes lo que me estás pidiendo? En el momento en el que metas un pie en el agua pueden ser muchas las personas que miren desde sus ventanas. Muchas se escandalizarán, pueden incluso gritar, llamarnos la atención, quejarse.
Lo tomó del brazo y lo metió de un empujón en el ascensor pero el impidió que tocase botón alguno. La sacó de aquel pequeño cubículo y la hizo correr escaleras abajo.
- Cuanto más tiempo me hagas esperar hasta llegar abajo, más ganas tendré de hacértelo.
El revisor llegó más tarde. Un bañador, un par de sandalias, una camiseta y la parte de arriba de un biquini figuraban dispersos por las escaleras del segundo al primer piso. Siguiendo el rastro, no tardó en descubrirlos metidos en la piscina. Sonrió, apagó la linterna y dejó que fuesen los pocos reflejos de la noche los únicos que presenciaran tales hechos.

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