20.5.11

74.

Le enumeró atributos con los que nunca antes la habían calificado y eso, le gustaba. Ella sabía que era imposible, probablemente él fuera el más concienciado en ello, pero aún así, ambos seguían. Les gustaba saber que fuera donde fuera se verían, se escucharían, se llegarían incluso a tocar sin sentirse. Eso era lo malo, no tenían la posibilidad de sentirse. Ante eso, era imposible jugar. Ella sabía, además, que para él la máxima expresión del amor era, a su vez, la máxima forma de la práctica sexual y ahí es donde empezaba su distanciamiento. El moría por escucharla gritar, por sentir como le respiraba al lado del cuello mientras, entrecortadamente, decía su nombre. Ella moría por ver en sus ojos algo que nunca antes otra fuese capaz de conseguir, eso, que le diese a entender que después de tanto esperar y tanto probar, ella sería la última.

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