29.5.11

79.

Continuaba mirando por la ventana derecha de la parte de atrás del coche. Delante conducía él y lo miraba ella. Parecían idiotas comiéndose el mundo a velocidades extremas por carreteras conocidas. La música perforaba todos los poros materiales, tanto cutáneos como materiales, y la Policía no debía de andar muy lejos. La situación era fugitiva y también fugaz. La de delante no sabía realmente nada. Su aureola de felicidad compartida con otro ser humano le impedía percibir las miradas fulminantes que él le lanzaba, a la de atrás, mediante el retrovisor. No eran mutuas, ella no soportaba aquella situación. El corazón era para una y la noche para otra. A una le decía cosas bonitas mientras a la otra se lo demostraba. Era el peor trío de la historia. Desconocido por quien debía saberlo y perfectamente conocido por aquellos que querrían caer en una amnesia profunda.

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