2.6.11

81.

Era el gran estreno y el, como era normal, no estaba a su lado. Sumamente entendible se hace que el gran momento de un actor es el día en el que cine se abarrota hasta el límite para poder tener la primicia de ver las imágenes. Estaría en la puerta del edificio fumando un cigarro tras otro, esperando a que se escuchase el aplauso esperado o, por el contrario, el indeseable sonido de las puertas de la sala. Ese era el día descrito. Ella, junto con familiares, amigos y diversos conocidos, figuraba en una de las filas de la izquierda. Nunca le había gustado sentarse en un lugar encasillado con un "reservado" pero aquella era una oportunidad única e irrepetible. Tenía que hacerlo por él. Las luces se apagaron, el silencio se apoderó de la sala durante dos horas y trece minutos y, al final, un aplauso estremecedor.
Nadie dudaba que fuera a ser el filme ganador pero, aun así, era del tipo de cosas que había que demostrar. Para ella, al contrario que para el resto de la audiencia, los únicos fotogramas salvables eran los que dibujaban una silueta femenina a contra luz. Una cara de mujer mirando hacia abajo, hacia un hombre, con el pelo cayéndole por delante de la cara y de los hombros desnudos. Seguido a esto, el, tan necesario, fundido a negro. Aplaudió, justo ahí.

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