28.6.11

88.

- ¿Cuándo pasaste a ser tan dependiente de ella?- me preguntó.

El silencio volvió a convertirse en el protagonista de aquella habitación y el ruido de mi cabeza. Yo no sabía la respuesta a aquella cuestión. Me sentía impotente postrado en aquel asiento, sintiéndome observado por los ojos que se escondían detrás de aquellas gafas. No podía darle una respuesta, por lo menos, no una verbal. Yo... yo no me sentía dependiente de ella. Ya le había explicado muchas veces que era ella la que me aportaba lo único que necesitaba: facilidad.
Era fácil reírme, era fácil resolver problemas, inventar planes, saber qué hacer en cada momento, se convertía sencillo desenfadarme o incluso no hacerlo... Me era muy fácil quererla.

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