15.9.11

96.

Está ahí, está ahí, está ahí... En el pensamiento de Izú no se repite otra frase. Papá lo busca pero no lo ve. Mamá me sonríe cómplice pero tampoco arregla nada. La pequeña tiene que conformarse con diálogos que intentan calmarla pero, llegada la siguiente noche, vuelve a gritar. A decir "está ahí", a llamar a papá y a mamá. Es la noche, fuente común de miedo para la mayoría de los niños del mundo y pensamiento en el que se apoyan, jornada tras jornada, los que son llamados por Izú. Es pequeña, de color caramelo y siempre está jugando con su cortita melena. Su pelo es negro, muy negro y tiene una mirada oscura. Eso fue lo que más le gustó de ella a papá. La tristeza que reflejaban las pequeñas sonrisas que, al principio, les mostraba fuera el motivo por el que mamá eligiera llevársela a casa con ellos. Como tantas otras, Izú es una niña acogida que acabará figurando en los latosos papeles de adopción. Félix y Rita son papá y mamá. Esas personas que llegaron por casualidad y que, paradójicamente, juegan con la estructura de sus nombres para enseñarle a la pequeña que la Vida es algo Feliz. "Sólo cambia una letra y un nombre significa otra cosa". Así se lo decía mamá todas las mañanas a su niña. Esa que, de noche, atravesaba las peores horas del día. La que no dejaba de ver a alguien tras las finas rendijas del armario. "Es un monstruo pero no es rosa como el del libro mamá. Está ahí, te lo prometo". Rita le vuelve a sonreír, pretende que ella olvide todo por un momento y se traslade al mundo que ahora le toca vivir. El de la felicidad, el tranquilo, el aparentemente normal. Ese en el que los niños, son los únicos que pueden disfrutar de la noche tapados en sus camas. Soñando tranquilos con fantasías de superhéroes y princesas.

- Han hecho una buena elección, es una niña preciosa, pero les tengo que advertir que su pasado es todo lo contrario a ella. Ha vivido cosas que ningún pequeño de cinco años debería vivir nunca. Ha pertenecido a las cuadrillas de barrio, la han utilizado para hacer cosas que ni el jefe de la banda se atreve a hacer. ¿Han visto como se pasa horas enredando los dedos en su pelo? Tiene un motivo. Gracias a él no tiene que recordar lo que él mismo esconde. Tocar algo suave y brillante no es comparable a tocar las amplias cicatrices que otros le han dejado sobre el cráneo.

Sí, como tantas otras, Izú ha sido una niña soldado y ahora teme al monstruo que la observa desde el armario con los mismos ojos que los mandantes del barrio la miraban cuando cumplía con su misión. La pequeña teme a los recuerdos de su pasado. A los que se le presentan sólo cuando es de noche. A la oscuridad, el bien del que todos disponemos y del que pocos saben sacar provecho.

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