26.9.11

97.


- ¡Mamá, mamá, mamá! ¡Mira, me ha caído el primer diente! ¿No estás contenta?
- Claro que lo estoy ¡y mucho!
- ¡Es genial! Ahora puedo ya empezar a hacer cosas de mayores, ¿verdad?
- ¿Cosas de mayores? ¿Cómo cuáles?
- Todas las cosas mami, los mayores podéis hacer todas las cosas del mundo. Montar en moto, pagar en el autobús, os dejan tiraros por los toboganes grandes de parque de agua, preparáis la comida y lleváis el carrito en el centro comercial. Lo mejor de todo es que ya no voy a tener que coger la sillita dura para sentarme más alto en los asientos del cine. ¡Es genial!
- ¡Es verdad cariño, es estupendo! ¿Y vas a hacer todas esas cosas por la caída de tu diente?
- Claro, porque esta noche el ratoncito va a cambiármelo por dinero y ya podré empezar a hacer las cosas que hacéis vosotros. ¿Me vas a dejar a que sí?

La madre de Carlitos sonrió como una tonta a modo de contestarle con un silencioso “claro que te dejaré pero no tendrás que hacerlo”. Su pequeño creyéndose el chico más grande del mundo, el que podría hacer todas esas cosas que él consideraba de mayores. El que, con sus escasos sesenta centímetros, ya pensaba en montar en moto y olvidar la silla de las salas de cine. Que irónico. Su pequeño olvidaba el problema de los mayores: la ilusión. ¿Qué mayor sigue pensando que el ratoncito intercambia los pequeños incisivos por monedas?

- Por supuesto mi vida, a partir de mañana por la mañana... ¡serás todo un hombrecito!
- ¡Si, y es genial mami!

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