1.12.11

104.

Era mentira. Todo. Realmente ya no te echaba de menos pero te lo seguía admitiendo, siempre y cuando no fuese a la cara, para que tu no te sumieses en un bucle onírico. Sin salida. No se paró a pensar en que, en realidad, te lo estaba poniendo aun más complicado. Tu problema radicaba en hacerle caso. A todo. ¿Nunca te cuestionas lo que sale de su cabeza? Deberías. Las personas somos magníficas pero sabemos hacer daño. Es nuestra especialidad, sobre todo cuando no implica la acción. Hacemos del dolor un arte y nos esforzamos por ser artistas.

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