19.12.11

107.

Me he imaginado cientos de veces como sería este día a tu lado. Me da la risa. Se que no iba a ser nada del otro mundo: la calle, tu y yo, y miles de ciudadanos más alrededor, desconociendo la importancia marcada por la fecha. Seguirías igual de borde, de hostil. Mirándome al acabar de despotricar, buscando unos ojos, la mirada, que te prohibieran volver a hacerlo. En silencio.
Eres tú así, lo se mejor que nadie. No se te puede cambiar. Tengas 30 o 70 años, con o sin público, a oscuras o con la luz en plena cara, seguirás igual. Con esa mirada sincera y esa sonrisa malvada.
Me he imaginado miles de veces cómo se presentaría el despertar, cómo nos despertaríamos, del día siguiente. Cómo seguiriamos tu etapa de madurez y me doy cuenta de que volvería a ser un día normal. De los nuestros: un café con leche, una cucharilla, una mesa de madera y un cielo nublado. Al fondo, viéndose por la ventana, un cielo muy nublado. Una conversación sin sentido entre los dos pero sin separarnos. Lo he pensado, millones de veces, y se que te volverías a levantar, delante de todos los presentes en la cafetería, para acercarte a mi silla y besarme.
Me he imaginado miles de millones de veces como sería pasar una fecha tan importante para ti a tu lado y he llegado a la conclusión de que lo único que me queda es desear que volvamos a tropezarnos. Y recorrer las calles, entre la gente.

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