3.1.12

110.

- ¿No se te hace raro?
- ¿El qué?
- Volver a estar aquí, hacía mucho que no veníamos aquí
- Yo si lo hice, y muchas veces
- ¿Sola?
- Si, la mayoría de las veces si. Me encanta, es el único lugar de mi estancia aquí que me recuerda a mi pasado
- Ya... es muy tranquilo. Se parece a tu pueblo
- No solo me refiero a mi pasado pensando en mi pueblo, pero si, tienes razón. Se echan en falta algunos matices importantes pero el aspecto del paisaje es muy parecido al de casa

Era una tarde soleada, de las de principio de primavera. Las siete, en punto, estaban a punto de notificarse y el calor aún se guardaba en la superficie del césped.

- A decir verdad yo estoy acostumbrada a ver todo lo que alcanza la vista con una tonalidad más oscura
- ¿Has venido de noche? Cómo...
- Si, todas las veces que he vuelto era de noche. Coincidió así siempre, cómo la última vez que estubimos aquí. No lo he hecho a la fuerza, te lo prometo. Simplemente veía al día oscurecerse y necesitaba aislarme. Este siempre fue el lugar idóneo para lo que buscaba
- Ya... para aislarte pero, has dicho que solo venías sola la mayoría de las veces, ¿el resto de ellas?
- No te preocupes, no he traído a nadie hasta aquí. Podía pasarme la tarde entera merodeando el lugar pero con nadie he llegado hasta arriba. Me lo han dicho vaya ¿por qué no subimos a ver lo que se ve desde lo alto?
- ¿Y que le respondías?
- Ya sabes lo que se ve desde aquí, ¿no?
- Yo si, pero igual las personas con las que venías no y por eso se interesaban en insistir
- Pues esa era mi respuesta: "ya sé lo que se ve desde arriba"
- ¿Siempre?
- Siempre, menos contigo

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