4.1.12

111.

Todos los medios del lugar lo repetían continuamente, especialmente las radios: "...la espera se hace cada vez más pesada para ellos. Los diferentes equipos integrantes de la competición anual están que trinan. El temporal que ha empezado a azotar la bahía, desde bien entrada la tarde, puede que imposibilite el segundo día de salida al mar. Por lo pronto, la realizada esta mañana se ha dado por finalizada con la victoria del equipo azul, el cántabro, que ha superado a los catalanes por dos segundos. Durante las próximas horas les seguiremos informando de..."

El torneo se había echo aguas, y nunca mejor dicho. El viento y la marejada no eran propios de la zona pero como decía el viejo Andrés "todo puede acabar pasando". Ellos, empapados, especialmente en mal humor, volvían al hotel perseguidos por los pocos periodistas valientes que trotaban las calles en busca de algún tipo de declaración de disconformidad, sin importarle la tromba de agua que estaba cayendo. Los participantes ni siquiera se habían cambiado, permanecían con las cabezas bajas y en su mente solo rebotaba la esperanza de que el día siguiente amaneciese tranquilo. Una tranquilidad que no figuraba en su lugar de hospedaje.

- Lo siento, pero el temporal y la imposibilidad de que cada equipo pudiese llegar a su determinado hotel ha hecho que todos los participantes tengan que pasar aquí esta noche

El encargado daba el aviso entre tristeza, pesadez y vergüenza. Se había hecho una re ordenación del personal y en vez de dividir a los integrantes de cada equipo en 3 habitaciones, ahora cada uno de ellos, como buenos compañeros, deberían compartir habitación. Pese a todo lo malo, la noticia había calado entre risas y ánimo de humor. Se pasarían la noche hablando y comentando tonterías, "lo mítico que se hace en las duchas y vestuarios". Los veteranos se peleaban por las camas más espaciosas mientras que los de las posiciones finales dentro del grupo hacían un pequeño hueco en el suelo, apartando alfombras y bolsas de viaje, para situar su colchón.
De repente se abrió la puerta. El entrenador estaba, el capitán también, los suplentes, los coleguillas... ¿quién narices interrumpía la sesión nocturna de todo un conglomerado de "machotes"?

- Disculpen nuevamente señores, pero por la re estructuración que previamente le han comunicado, los periodistas de cada zona tienen que alojarse con los participantes más cercanos. Por seguridad y comodidad para ustedes, les hemos pedido que dejen su material de trabajo, cámaras y demás, en el recibidor

Ella y detrás él. Su cámara se suponía. Por la cercanía de origen del medio para el que trabajaba con el del territorio representado por el equipo ganador de la primera salida, ambos deberían quedarse allí esa noche. Saludaron, se presentaron y no se quejaron al ver que solo tenían para compartir el pequeño espacio de detrás de la entrada a la habitación. Eran los últimos en incorporarse al gremio, era lo más normal que les tocara la peor parte.
Las caras de los novatos, que antes eran un verdadero lienzo, ahora simulaban creerse algo más superiores. Sin llegar a los trazos de los más populares pero ya con algo de hombría.
Se dispusieron a dormir, solamente los recién llegados, pues el resto seguían deliberando tácticas, puntos fuertes y débiles ajenos... El hombretón de la cámara no tardó en quedarse dormido. Ella, curiosa como siempre, se acercó con el propósito de escuchar algo de interés pero lo único que recibió fue el golpe de una almohada en la cara.

- ¡Aquí tienes entrometida! ¡A dormir!

Esa voz... No se había dado cuenta al entrar, ni tan siquiera se le había pasado por la cabeza pensar que él todavía estaría metido en aquel deporte, pero si. Era él, más mayor aunque tampoco mucho, y en una de las camas. Como no, el seguía siendo de los que tiraban del carro. Se quedó quieta, le dio las gracias y se volteó ante las caras de asombro de los allí presentes tras el trato que acababa de recibir.
Tras eso, los cuchicheos por lo bajo fueron los protagonistas de sus conversaciones. Lo querían saber todo, pero las negativas por parte de él junto con los "dejarme en paz" y "no os voy a contar nada panda de hienas" fueron consiguiendo que todos acabaran medio sonámbulos. Al final solo el protagonista del ataque parecía no encontrar la posición correcta para entrar en el modo apagado y dormirse. Estaba claro, le faltaba la almohada. Se levantó, con mucho tino para no molestar ni despertar a ninguno de los que mañana deberán hacer un trabajo espectacular en el mar, y se dirigió hacia la entrometida.

-Eh... eh... chss, tú

Ella se hizo muy bien la dormida, incluso se dio media vuelta haciendo un espacio al lado para que el no tropezase al irse. El, directamente y sin preguntar, se agachó a por lo que era suyo.

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