9.1.12

114.

Le podría haber dicho que sí, que estaría allí en primera o segunda fila. También podría haberle afirmado que lo más probable era que llegaría pero tarde o, ya rozando la falta de vergüenza, podría haberle esquivado la pregunta, hacerse la interesante y no contestarle de todo. Dejarlo a medias tintas. Lo malo era que él le había hecho la pregunta directamente y sin tapujos, como todas las veces que a ella se había dirigido, y ante algo así, no era justo llevar a cabo ninguna de las opciones matizadas.

- No, no estaré

Había sido contundente y a él, de seguro que no le habia sentado bien ese tono. Pese a no oírla.
Eran tres palabras formando un conjunto de respuesta negativo, seco, vacío... y, en el fondo, existían diversas razones que le inposibilitaban ir. No se las dio, es cierto, pero no tenía sentido explicar algo que no iba a llegar a ningún lado. Seguramente si él las supiera, las cosas podrían haber sido algo diferentes, pero sólo algo. Muy poco.
De todas formas, ella estaba convencida que el trabajo que él desempeñaría esa tarde sería el mejor posible. Siempre lo hacía. Lo conocía lo suficiente como para saber que era de las personas que, dentro de un equipo, prefieren tragarse todo el orgullo y la firmeza que adoptan habitualmente (que no es poca) para que el resultado sea favorable a todos. Además, hacía un día estupendo, un sol radiante pero sin excesivo calro, y eso ayudaría a que todo saliese mucho mejor: el ánimo, la visibilidad, el estado de humor, las cifras finales... y como no, también su tonalidad de pelo.

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