11.1.12

117.

¿Sabes qué?
A veces no pienso. Es decir, no pienso antes de actuar. A todos le pasa alguna vez, ¿no? Es de los días en que te levantas pensando que eres una de las estrellas de las baldosas de Los Ángeles y te acuestas derreada tras un día lleno de todo menos de cordura.
A veces no me molesto en confiar en la gente, simplemente lo hago. Voy por la calle observando todos los movimientos de las personas que me rodean y sé que todos las hacen sin pensar. Se ríen porque les sale, gritan a los niños antes de cruzar, se pasean de la mano, se tiran hojas de los árboles en medio del parque... y todo lo hacen de verdad.
A veces camino con los ojos cerrados. No en medio de un sueño ni por encima del agua, sino por caminos que se abren ante mí de forma inesperada. Son nuevos, de esos que nunca antes habías visto, pero confío en que sabré llegar a salvo al final de los parajes.
A veces me dejo llevar. Si, cuando el cielo está despejado y el viento sopla fuerte. Cerrar los ojos y notar cómo nadie puede robarte la sensación de vuelo extremo que tu pelo experimenta ante tanta fuerza climática es, sin duda, increíble.
¿Sabes qué?
A veces, todas mis respuestas se unen y por un momento encuentro el origen de la felicidad. Pero claro, sólo me pasa a veces.

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