12.1.12

118.

-¿Si? ¿Diga?
-Hola
-¿Hola? Vaya, ¡no puede ser! Qué... ¿qué tal?
-Por aquí todo bien ¿y tú qué?
-Pues igual que siempre pero... buf, sorprendido ¡Muy sorprendido!
-Ya ni te acordabas, ¿verdad?
-Pues si te soy sincero no, ya no. No pensé que llegaría esta fecha tan de repente
-Hombre... varios años... no pueden considerarse que pasen tan “de repente”, pero es lógico. Yo me alegro muchísimo de qué todo esté saliendo tan bien que ya ni tiempo tengas para esto

Entre risa, siguieron conversando más de 40 minutos. A ella ya se le había marcado demasiado el acento británico, como a una verdadera lady, y a él se le notaba un timbre grave. Más aún que el que ya tenía, el rudo, el de la costa.

-Me hace gracia estar hablando con la chica inglesa más famosa del país
-Serás... ¿de qué país hombre? ¿de qué país?
-Pues de este mujer, ¿de cuál sino?

Se alegraban inconscientemente de gastar el tiempo destacando las chorradas más evidentes entre ambos. El insistía en que no se dejara sucumbir a los desayunos del lugar, demasiado insanos, pero que se empapase de las lluvias torrenciales más cercanas. Ella solo se preocupaba por recordarle que cuidase su salud y también su lenguaje, aunque hacía ya tiempo que de esto último había tirado la toalla. Entre recuerdos y anécdotas, se escuchó un estornudo.

-¿Ves lo que te había dicho? La salud, cafre.... la salud
-No ya, tranquila, que ahora tus consejos de enfermera los tengo en el oído diariamente. Es el pequeño el que está resfriado

Con esta respuesta, la llamada solo podía tomar dos direcciones: cortarse subliminalmente o extenderse durante varias horas de explicaciones absurdas.

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