26.1.12

124.

-¿Sabes a qué me voy a dedicar cuando sea grande?
-Creo que me hago una pequeña idea pero, vamos, ¡sorpréndeme! ¿A qué?
-Voy a construir una casa de madera en el extremo de aquel acantilado que vemos cuando pasamos por el puente de las garzas. Va a ser enorme y tendrá unas paredes de color marrón oscuro. ¡Muy oscuro!

Inconscientemente, tuve que echarme a reír.

-¿Y eso?
-Es que llevo fijándome, en todas las salidas que hacemos, que siempre miras hacia aquel lugar. Como si te gustase... o como si te diese miedo, no sé, pero quiero asentar allí nuestra casa
-Vaya.. si mirase hacia allí por gusto, sería una idea estupenda pero ¿y si tienes razón y solo miro por miedo?
-Mamá, ese es el caso. Si miras porque te gusta realmente el sitio, será como un deseo que te cumplo. Si por el contrario es porque te parece un lugar extraño y solitario, te la construiré mismamente para que le pierdas el miedo a la altura del precipicio y que sólo tengas buenos recuerdos en el lugar del que te hablo
-Me parece razonable. Ahora solo tengo que saber el porqué de la madera, del color de las paredes y de su grandeza

Me miró con los ojos que me ponía siempre que reconocía la ironía en mis frases. Tenía tan poquitos años y era tan despierto para las más grandes dificultades que escondía mi vocabulario.

-Mamá... Siempre has dicho que quieres vivir rodeada del mar. Ese lugar sería estupendo para que lo consiguieras. La casa tendría que ser enorme, por lo menos de dos plantas, porque la de arriba sería tu rincón de creación y...
-Ya... ¿y la de abajo?

Me sonrió tímido pero picarón.

-¡La de abajo estaría repleta de juguetes mujer! Pero tranquila, que los recogeré todas las noches antes de irme a mi habitación a descansar. Mi habitación tendría que estar a lo largo del pasillo marrón oscuro. Elegí ese color porque seguro que quedará muy elegante como fondo para colgar todos tus dibujos y... la construcción se haría con madera porque sería el material más acorde a como eres tú
-¿Y cómo soy yo?

Ante esa pregunta volvió a ofrecerme la mirada que había reflejado antes de su última respuesta, entonces, supe que esta vez no tendría contestación. Era lo lógico, yo ya sabía porqué había elegido la madera.

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