24.2.12

131.

Como cada tarde, hacía su pausa de las seis para descansar un rato, disfrutando de su "merienda". No acudía siempre al mismo sitio por los fantásticos cafés que el lugar ofrecía ni tampoco por la buena música que acostumbraba a sonar allí. Saludaba a su secretaria, cogía sus dos teléfonos móviles y se dirigía al ascensor. Los días que el sol asomaba, como era el caso, optaba por mirar desafiantemente al invento elevador y acababa, luego, bajando las cuatro plantas del edificio por las escaleras. Así, se sentía mejor. Salía por el portal de la entrada y podía ya divisar la terraza de su templo. Su sitio, la última mesa individual de la derecha, siempre estaba disponible. Esperándole. Desde el momento en el que se sentaba hasta que su mercancía le era depositada delante no pasaban más de cuatro minutos y ni siquiera hacía falta que le dijese nada a la joven camarera. Era muy guapa, se fijaba siempre, pero podría ser fácilmente su sobrina.

17.2.12

130.

La amistad significa estar ahí incondicionalmente pero no que la misma suponga una condición de vida.

-Lo siento
-Lo sé y te entiendo
-Nunca pretendí hacerte cambiar de opinión
-Lo sé. También sabes que nunca lo habrías conseguido

Quizás el problema solo sea que en un proceso de negociación tan complejo como la vida, los intereses interpersonales son demasiado dispares como para coincidir.

-Déjalo, no vamos a llegar a un acuerdo
-Tampoco lo intentamos
-Buenas noches
-Adiós

13.2.12

129.

La ciudad seguía igual de oscura que hacía diez minutos. La escasez de personas pisando las aceras era un contrato de seguridad de que las calles seguirían siendo vírgenes aquella noche. Una ínfima sombra se dirige a casa bajo la tenue luz que irradian las farolas. Lo acompañan en su camino, los iluminados escaparates de las tiendas más prestigiosas. Esas que se pueden permitir el enorme gasto energético, nocturno, con la finalidad de captar alguna mirada. Sea cuál sea la hora de la noche.
En este contexto, tres cortos segundos acaban de servir como separadores de los cuatros golpes de luz que fluyen por debajo de aquella cortina negra, aún ondeando. El silencio vuelve a invadirlo todo. Y justo cuando pasa por su lado, el brillante papel cae en la estrecha ranura de metal. Nadie sale, nadie lo ve y nadie lo puede acusar, así que, se atreve a agachar la cabeza para mirar los cuatro momentos congelados en aquellos pequeños cuadrados del papel vertical. La ranura le hace imposible ver las tres primeras y la cortina parece empezar a moverse. ¿La casualidad? Esta vez, había hecho que el cuarto cuadrado fotográfico se pudiese ver. Allí, los únicos amantes de esa noche, retratados en un beso.

9.2.12

128.

Fue una tontería enorme el haberte llamado la noche de las hogueras.
El tono sonaba de forma ininterrumpida y lo único que se escuchaba de fondo era el griterío de los que compartían las cenizas del fuego.
Prometimos que todos nos separaríamos, porque así tenía que ser, y que al acabar con lo que nos ocupaba nos volveríamos a reunir. Como antes, como siempre.
En la pantalla del teléfono seguía rotulado tu nombre pero, sencillamente, eso era lo único de ti que me transmitía el pequeño invento.
La verdad es que me dio pena haber roto la promesa. Me dio pena haberla roto para no obtener nada a cambio.
Los demás seguían gritando mi nombre, invitándome a despedir a la luna desde ella agua. Era increíble más su temperatura se conservaba mucho más alta que durante el día.
Si me hubieses cogido el teléfono el arrepentimiento sería más llevadero pero teniendo la información de lo ocurrido y sabiendo que, por más que lo haya intentado, no me vas a dirigir la mirada hasta la próxima humareda, el recuerdo duele todavía más.

7.2.12

127.

Sus planes habían salido al revés. Esperaba no poder dormir con los nervios pero levantarse completamente activa. ¿Y cual había sido la realidad? Lograr dormir como una marmota para luego no conseguir mantener el pulso firme para sujetar la taza del café. No era una mañana normal y, por lo tanto, sus hábitos matinales tampoco debían serlo. Manotazo al despertador. Elección de vestimenta, algo muy importante para un primer día, y carrera hasta la ducha. A medio vestir preparaba ya el café mientras se recogía el pelo, pues realzaba su seriedad y -lo que era más importante esa mañana- su seguridad. Se calzó y alcanzó el abrigo de camino a la puerta. Veinte minutos de atasco amenizados con las melodías de Peter y juegos malabares para conseguir una plaza de aparcamiento.
El lugar era increíblemente mejor a cómo se lo había imaginado. Los pequeños correteaban por todos los rincones del edificio, despedían a sus padres y cuchicheaban sobre lo qué, estos mismos, les habían metido en la mochila para desayunar. El color impregnaba cada una de las paredes y las ventanas estaban decoradas con todo tipo de letras, formas, figuras naturales y medios de transporte.
Recorrió los pasillos, conoció al conserje -Paco- y llegó a su clase: 2ºB. Saludó, obviando la fase de escribir su nombre en el encerado, y marcó sus pautas: portarse bien y pasárselo mejor. De reojo, estableció contacto con el "gamberrillo" de la clase y, directamente a continuación, llevó a cabo todo lo que llevaba preparando las semanas anteriores.
Salió contenta, cansada, pero muy contenta. De camino al coche se le pasó por la cabeza la pregunta de la niña rubia de la trenza: "¿por qué elegiste ser profe?". Otros veinte minutos hasta casa, tirar los zapatos y el bolso encima del recibidor. Acomodarse en el sofá con un yogur, una manzana y una libreta azul para escribir: "Día 1: quiero ser profesora para escuchar a todos mis alumnos hablar sobre mí en los pasillos tras nuestra primera clase".

4.2.12

126.

- Muchisimas felicidades, no sabia que estabas embarazada
- Bueno, es que aun no lo sabe mucha gente porque estoy de pocas semanas pero estoy muy ilusionada
- ¿Por qué no has dormido esta noche?¿Pesadillas?
- No, lo cierto es que no tenia sueño. Una noche mala
- Y entonces, ¿por qué tienes los ojos llorosos?
- Es que, como no me quedaba dormida, me puse a ver una película, y era de las tristes
- Estás muy guapa hoy pero ¿tanto maquillaje para qué?
- No nada, una que también se quiere arreglar de vez en cuando
- Es un poco extraño que te arregles tanto si total no sales de casa
- Soy una mujer muy casera. Lo de salir no me gusta mucho
- ¿Y tu vida, todo bien?
- Si, todo perfecto
- No entiendo porque me contestas con la cabeza baja
- (...)
- ¿Cuando te dan el alta?
- Pronto, mañana o pasado podré volver a casa
- Y esta vez... ¿tendrás más cuidado con las escaleras no?
- Si, si. No volveré a bajarlas cuando estén recién fregadas
- Y tus hijos ¿bien en el colegio?
- Últimamente están un poco despistados, la profesora me comentó que van algo mal
- ¿Y eso?
- Puede ser la edad, hablaré con ellos
- ¿Hablaré con ellos? ¿Dormiré bien está noche? ¿Volveré a llorar? ¿Repetiré la peli? ¿Me maquillaré para salir un rato? ¿Tendré más cuidado con las escaleras? ¿Elegiré un nombre para el bebé?
No duermes porque para pesadilla la que tienes por vida, lloras porque te engañas pensando que te quiere, te maquillas porque no quieres ver que te pone la cara morada, me bajas la cabeza al hablar porque te duele todo lo que estás diciendo, tus hijos no van bien en la escuela porque son testigos de las monótonas palizas nocturnas, porque la gente rumorea en la calle y ellos están traumatizados, no pasaste 9 días en el hospital por caer por las escaleras y lo sabes, el fue el causante de tu hospitalización y ni se digno a llevarte aun viendote sangrar, gracias a él y a lo mucho que te quiere ya no tendrás que buscarle un nombre para tu hijo. Escapar será de cobardes, pero en este caso más vale ser una cobarde viva que una valiente muerta, ¿o es que no te das cuenta de que ya estás bajo tierra?