9.2.12

128.

Fue una tontería enorme el haberte llamado la noche de las hogueras.
El tono sonaba de forma ininterrumpida y lo único que se escuchaba de fondo era el griterío de los que compartían las cenizas del fuego.
Prometimos que todos nos separaríamos, porque así tenía que ser, y que al acabar con lo que nos ocupaba nos volveríamos a reunir. Como antes, como siempre.
En la pantalla del teléfono seguía rotulado tu nombre pero, sencillamente, eso era lo único de ti que me transmitía el pequeño invento.
La verdad es que me dio pena haber roto la promesa. Me dio pena haberla roto para no obtener nada a cambio.
Los demás seguían gritando mi nombre, invitándome a despedir a la luna desde ella agua. Era increíble más su temperatura se conservaba mucho más alta que durante el día.
Si me hubieses cogido el teléfono el arrepentimiento sería más llevadero pero teniendo la información de lo ocurrido y sabiendo que, por más que lo haya intentado, no me vas a dirigir la mirada hasta la próxima humareda, el recuerdo duele todavía más.

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