19.3.12

136.

Se extrañó mucho de su reacción: no le importaba. Tenía que estar pasando algo extraordinario entre los espacios vacíos de su cabeza, seguro. Se lo tomó con toda la normalidad existente, en aquel pequeño lugar, pese a que la noticia no era agradable en absoluto. Las pocas veces que se sentía así, divida entre interfases, en plena lucha por entender los cambios que la personalidad hacía a su antojo, optaba por citar como causa a su proceso momentáneo de maduración personal. Sabía que eso no era posible, su naturaleza no se lo permitía, pero era un buen escudo.
Por más que le buscaba la explicación no daba con ella pero, al mirar a la carretera que, sin remedio, le quedaba por recorrer hacia su hábitat semanal cayó en la cuenta. Lo único que le había pedido siempre era la verdad y el aquella noche solo había sido sincero. No existía motivo alguno para comenzar la disputa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario