20.3.12

137.

Yo siempre se lo noté, desde detrás de la barra. Se sentaba habitualmente enfrente de ella y hacía como si nada. Daba la impresión de que pretendía llegar y cambiar todo en un minuto (...) No, no sé si lo consiguió. Desconozco lo que llegó a pasar pero lo único que puedo asegurar es que un buen día ya no estaban en su mesa. Dejaron de venir (...) Hombre, la continuidad que mantenían dependía de varios factores pero solían ser fieles (...) Pues del tiempo, de la época de mayor laboriosidad, de si estaban enfadados... (...) Por supuesto que se lo notaba, si estaban de malas ella no dejaba de mirar hacia la barra y el simplemente cantaba por lo bajo las canciones clásicas que sonaban en el local (...) Si, eso ya era otra cosa, los días que estaban bien no dejaban de reírse. A veces incluso desde fuera, al cerrar, los lograba escuchar. La mayoría de las veces era así (...) No, no me refería a eso. De los últimos no eran, quizás una o dos veces pero nada más. Semejaba que les gustaba abandonar la partida cuando llegaba demasiada gente. Solitarios supongo (...) Eso no, eso no puedo saberlo (...) Bueno, una vez creí verlo a el con otra. No estoy seguro de si era el mismo porque lo vi desde lejos un día de demasiado trabajo y la que vino a pedir las copas fue su acompañante (...) Quizás... hace un mes o un mes y medio (...) Si, después los volví a ver a ellos siempre, por eso me extrañó (...) El que eligiese, si era él el de aquella vez fugaz, el mismo sitio que ocupada con su acompañante habitual. No se, tal vez la costumbre. Tal vez la falta de remordimientos.

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