28.3.12

138.

Estaba ya el día lo suficientemente avanzado cuando de un salto salió de la cama. Los pies descalzos sobre el parqué. El estampado a cuadros azul oscuro y blanco, hasta algo más arriba de las rodillas, era lo único que causaba contraste con su color, aún no morena, de piel. Era normal, el buen tiempo asomaba pero todavía no había aparcado el verano en la puerta. Se dirigió, bajo la tenue luz que aportaba la rendija de debajo de la puerta, hacía la ventana y, sin dificultad alguna, la abrió de par en par. La persiana también fue manipulada por su enérgico humor y, de un solo golpe, el sol entró de repente en toda la habitación. Saltó, saltó y volvió a saltar. Sentía que el día no había hecho nada más de empezar, que un clima así requeriría de más adrenalina de la que su cuerpo estaba derrochando en ese momento y que... Se dio la vuelta y la vio, tirada en la cama. Aun.

-¿No piensas hacer nada de tu vida? Mira este día, por favor. Muévete
-Dejame, no todo el mundo puede levantarse con tu energía

Mientras se dedicaba a reprocharle su vaguedad, aprovechaba también el tiempo liando algo de tabaco. Al lado de la ventana, por supuesto, pero al escuchar su respuesta posó todo en el alfeizar y, lentamente, se acercó al colchón. La mirada era desafiante y el tono que estaba a punto de utilizar lo era todavía más.

-¿Quieres que te deje? ¿De verdad? ¿Estás segura?

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