11.4.12

141.

Aún no lo sabía pero aquella era la última vez que compartirían cama. Lo estaban viviendo como nunca, o como siempre. Había miedo, enfado, sonrisas, pasión, rabia... pero carecían de sentimiento. Bueno, mejor dicho: carecía de sentimiento. El tiempo compartido no era mucho, por lo que era normal que sus encuentros fugaces duraran lo que la luna en ponerse. Al día siguiente los pares de palabras no eran encubiertos pero tampoco afloraban como la espuma de la marea veraniega. Apartó el resto de ropa de cama y recogió simplemente la fina sábana que le había, escasos minutos antes, ayudado a colocar sobre el colchón. Los zapatos gritaban desde el pasillo, las chaquetas se conformaban con un pequeño hueco en la ducha y, tímidamente, una camiseta observaba en silencio el panorama. Desde la silla del escritorio.

-¿A qué estás jugando? ¿A los niños de campamento?

Simplemente le regaló una mueca demasiado graciosa como para no soltar una muda carcajada. Luego, cubrió la totalidad del colchón con la tela que había recogido minutos atrás. Desde el interior solo se veían mutuamente, una pena para la camiseta de la silla. Empezaba a gustarle lo que estaba contemplando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario