29.4.12

145.

Reaccionó tal y como nadie esperaba que lo hiciese: bien. Un cordial saludo seguido de una conversación dialogada, al más puro estilo esperpéntico.

-¿Qué tal? Cuanto tiempo...
-Si ¿verdad? Yo muy bien y ¿tu qué? ¿Todo igual que siempre?
-Si, sin cambios aparentes ¿no se nota?

Unas risas entrecortadas circulaban entrelineas. A veces, la confianza brillaba por su ausencia y faltaban las repelentes palmaditas amistosas en el brazo izquierdo. De lejos, no se podría decir a ciencia cierta cual de los dos parecía menos afectado. Tal vez ambos por igual, tal vez ninguno.

-¿El trabajo?
-Lo he conseguido. El proyecto valió la pena

Su cara dibujó una sonrisa. Amplia. Tímida. Mientras pasaban los segundos de espera entre una respuesta y la siguiente, recordó la tarde que se subieron a aquel viejo catamarán. Fuera en el recorrido de vuelta cuando le propusiera el irse a vivir juntos. Luego, tres semanas más tarde, sobre el forro plastificado del recién estrenado sofá, empezaban una tormenta de ideas con el fin de dar con la mejor propuesta al tema de su proyecto.

-Al final, el color marrón del sillón fue una muy buena elección

Las sonrisas volvieron a compartirse y ya no hizo falta ningún otro tipo de respuesta para reforzar el sí. El diálogo ya no fluía tanto y, aparentemente, la despedida estaba cerca.

-Una bonita parada en el camino
-Vaya, estás aquí

Apareció el tercero en discordia. El si fue quien de darle la asquerosa palmadita pero no el brazo si no en el costado.

-Ah, te presento. Ángel, este es Luis. Luis, Ángel.

Un par de “encantado” y “un placer conocerte” fueron suficientes. Y, he aquí, su buena reacción.

-Bueno chicos, me voy que en nada ya zarpa el catamarán nuevamente. Espero que tengáis un buen viaje.
-Si, igualmente. Nos vemos

El tono no acompañaba sarcasmo, tampoco sarna o rencor. No se presenciaban celos ni tristeza.
Luis y el se marchaban andando por el paseo marítimo, a lo lejos. Ángel se montaba en el viejo barco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario