30.4.12

146.

-¿No ha llegado ninguna para mi?
-No, que yo viera no. Espera que bajo a comprobarlo
-No se moleste que ya salía. De paso que bajo ya lo compruebo yo pero muchas gracias

Siempre cogía el ascensor, pues bajar andando desde un noveno no era plato de buen gusto para nadie a las ocho de la mañana, mas esa vez decidió alargar su tortura y contar, concienzudamente, cada uno de los peldaños del edificio.
Doscientos tres y doscientos cuatro. Los buzones estaban ya a menos de metro y medio. Se acercó rápido y con decisión, echo la mano a la cartera y se dio cuenta. Las llaves habían quedado sobre la mesa, en el cenicero. La pereza pudo más, un día de trabajo le haría olvidar el resultado de la esperada carta.

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