3.5.12

148.

Vivía en un película, en una de esas que recogen paisajes, panorámicas y planos fijos de las mejores ciudades del mundo.
Se abre un portal neoyorquino y la calle está completamente sumida por el caos mas la música, clásica como siempre, seguía sonando en sus oídos. Solo para ella. Era, tal cual, su film favorito. Deberían, ahora, sucederse un par de giros en el argumento a lo largo de lo poco que quedaba de día pero, pese a todo, ya conocía el final.
En la parte de atrás de un taxi amarillo, con la pequeña ventanilla plástica corrida para poder hablar directa y cómodamente con el taxista. Jean Jean, tal vez, o John Lien. Las luces de los rascacielos se irían encendiendo paulatinamente, tal como la cámara fuese quien de enfocarlos, pero nadie se pararía a mirar hacia arriba. El poco cielo observable lo tenían ya demasiado visto. El gran monstruo ya no asustaba a nadie, se habían acostumbrado a vivir en un lugar tan grande, tan poblado, tan esquivo, tan...

-Si, aquí es. Gracias. Quédese con el cambio

La 38 con la sexta. A veces, le gustaría saber independizarse de su guión porque sabe que, en el fondo, es solo el decorado cinematográfico lo que posee y no la trama. Tal como a ella le hubiese gustado.

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