14.6.12

165.

Hacía ya cosa de un par de horas que había perdido la cuenta de todos los vasos que habían pasado por sus manos. De una forma directamente proporcional a ese desconocimiento, se asentaba otro: el de no saber por cuantos de ellos había abierto la cartera. Suponía que no por muchos, pues desde siempre había conseguido lo que quería (al precio más bajo). De pequeña porque era muy simpática y risueña. En plena adolescencia porque la caracterizaba su sociabilidad y buena conversación. En la madurez de su juventud, era denominada como alguien muy extrovertida y social. Ahora, en la barra del bar de la cincuenta cuatro, bajo el noventa y cuatro por ciento de las miradas masculinas, solo era alguien abierta. Abierta, tanto mentalmente como por lo que a la parte física se refiere, eso sí, sabía cuidar muy bien de su cartera.

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