30.6.12

167.

-No, si no pasa nada. La verdad es que esta reacción me la esperaba hace tiempo ya.
-Lo sé. Sé que nunca me creíste nada de lo que te dije. No has podido confiar en mí todo este tiempo pero, simplemente, esperaba que, con el paso del tiempo, la cosa fuese mejorando algo. Aunque solo fuese un poco.
- ¿Y qué pasa si creo que nunca voy a poder hacer eso? Te lo dije desde un principio y te acuerdas.
-Nada. Las cosas seguirán bien entre nosotros. Ya sabes, a narices.
La conversación siguió, y se mantuvo, entre frases sin sentido y comparaciones innegables. La película empezaba a contener una línea entre lo cómico y lo insoportable. Ninguno, de los espectadores, dijo nada más sus bostezos y miradas perdidas en medio del espacio aéreo del lugar, hablaban por si solos. Todo parecía apuntar ya a que todos harían lo mismo cuando el primero, siempre un valiente con gafas de pasta y bandolera de cuero, se pusiese en pie y se dirigiese a la puerta de salida.

-Y... si se va, es porque no es para mi

El protagonista, emisor del contenido fílmico, acababa de conseguir que, con dicha frase, la mirada del osado de la tercera fila se colase hacia la pantalla por encima de los cristales de sus gafas de pasta negra. Estaba ya rebuscando en su bolsa de piel el móvil para comunicarle al mundo que se retiraba de la sala de cine mas, al escuchar tal conjunto de palabras sintió la necesidad. No sabiendo aún si por cumplir con el tono amenazante de la oración o por comprobar el estilo dubitativo utilizado con destino al giro final de la trama.

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