16.8.12

170.

Llevaba la friolera cantidad de cuatro meses esperándolo pero estaba completamente seguro de que aún le faltaba mucho más tiempo que ver pasar por delante de él antes de que ocurriese nada. No se lo imaginaba ni hacía falta que lo dejase en manos de la suposición, simplemente, deducía lo que vendría después dados los actos y situaciones que ya había atravesado.
Como en el más simple de los juegos, la alternancia de los turnos y el respecto por los mismos era una de las reglas básicas que figuraban en su interior. Junto a esta, y en letras mayúsculas, figuraba la de no actuar otra vez como un galán. Sí, estaba escrito perfectamente “otra vez”, porque ya lo había hecho una vez, antes de que la normativa dual fuese pensada. Movido por los impulsos del momento, dejó que sus manos actuasen antes que su cabeza, la que ya normalmente no hacía mucho esfuerzo, y permitió que las palabras se le escaparan entre los dedos.

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