22.10.12

182.

El tiempo no podía ir ya a peor. La tarde otoñal contaba con un manto de nubes oscuras y litros de agua vertiéndose por minuto en cada rincón del paraje. Desde que se había levantado de la cama, posado los pies sobre la alfombra y subido las persianas, había caído en la cuenta de que hoy tendría que “mover ficha” antes que su enemigo. Teniendo en cuenta todas las posibilidades de reacción y los efectos que estos causarían sobre su persona.

(e4) (c5) (Cfe) (d6)

De la puerta de la derecha del armario -segundo estante empezando por abajo- le echó la mano a las medias más gruesas con las que contaba. Las marrones. Luego de estas fueron unas bermudas vaqueras, un jersey de punto doble y las botas.

(d4) (cxd4)

Se enjuagó las encías y se ató el pelo. Agarró un paraguas de la entrada y abrió la puerta. La casualidad hizo que cayese en la cuenta, antes de perder más tiempo, de la falta de lo esencial: la bufanda. Subió las tres escaleras que únicamente le había dado tiempo a bajar y, alargando el brazo hasta el colgador, se aferró a la que sería la protectora de su cuello, contra el frío.

(Dxd4) (Cc6) (Ab5) (Ad7)

La jornada no había salido tan mal. Al fin y al cabo, dentro de una planta llena de oficinas, al amparo de la tempestad -temporal claro, la personal siempre está presente- no se puede tener gran queja. Ahora se acercaba lo peor. Era tarde, los informes le habían supuesto más laboriosidad de la que tenía pensada en un principio. Tendría que subirse al autobús urbano y enlazar el viaje preparando la agenda de mañana.

(AxC6) (Axc6) (Cc3) (Cf6)

Al cruzar el portal, y como fruto de la mala suerte, empezó a llover más de lo normal. Con la ayuda del paraguas y de los empedrados soportales intentó llegar, rápidamente, a la parada de autobús más cercana. Entonces, un pitido y varios reflejos de luces automovilísticas sobre las gotas que caían. Se giró y vio que aquel viejo coche gris bajaba la ventanilla con cautela y miedo a la penetración del agua en su interior.

(Ag5) (e6) (Td1) (Ae7)

Un diálogo corto y sencillo entre desconocidos. Luego, la indecisión de mantener su jugada o optar por cambiar la táctica. Era complicado responder inmediatamente pero, al igual que la banderilla del reloj en el tablero de ajedrez, la lluvia le seguía recordando que debía actuar veloz. Manteniendo la inteligencia y la cautela como escudo. Como escudo...

(o-o) (o-o)

Su rival, no había sido tan bueno. O tal vez no fuese ella tan mala. Seguramente ahora, tras las dos jugadas posteriores, la partida se posicionaría muy igualada.

(Tfe1) (Da5)

No hay comentarios:

Publicar un comentario