21.3.13

211.


Paso a ser, en poco tiempo, el grupo de música que elegiría -dentro de unos años- para que interpretase todos los temas de la Banda Sonora Original, de la película de su vida. ¿Lo más raro? Que si miraba hacia atrás, no mucho, tal vez sólo tres o cuatro meses, ni siquiera hubiese pestañeado al escuchar el nombre de aquella banda.

Desde el otro lado del océano, los susodichos eran una de esas “pandillas” de amigos que empiezan haciendo ruido en una de las habitaciones perdidas -del que, de todos ellos, contaba los padres más permisivos-. Empezando a gritos, pasando por audiciones gratuitas -y que sabían a gloria- en los bares más remotos de los pueblos colindantes y hasta llegar a lo que hoy eran, habían pasado más de treinta años.

Así, con “la vejez escondida en cada parada obligada por el color rojo del semáforo”, es como aún a día de hoy siguen manteniendo la filosofía de “lo que nace en el grupo es del grupo”: forma parte de nosotros, somos nosotros. Con un eslogan tan poco original como el mencionado, los ya no tan chiquillos consideran el actuar bajo este la forma más sencilla para conseguir que sus temas sigan manteniendo la esencia de sus años de fumadores de hierba a la par que mostrando la evolución musical de los “más grandes”. Tal vez por esto, por el sentirse algo más que meramente identificado con ellos, es por lo que ha firmado ya los derechos biográficos.

-Cántamelo, por favor
-No es el momento más indicado
(Diecisiete segundos -de silencio- más tarde, iniciaba la canción. Lógicamente, con previo aviso)
-Prométeme al menos que no te vas a reír

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