15.4.13

213.


Había hecho planes para esa noche (primer error). Tenía la corazonada de que nada podía salir mal, pues ya todo estaba ensayado desde hacía semanas, y con ese pensamiento -presente en su lóbulo frontal- partió hacia el “objetivo” que se había marcado.

Con la sangre recorriéndole las venas en forma de ansia, no pudo sujetar la tirante cuerda que ataba, al otro lado, al sigilo y no tuvo más remedio que comunicárselo a todos los conocidos que sabía que pasarían la noche en esa ciudad (segundo error).

De entre los posibles, entre todos los existentes en su armario, escogió el marrón (tercer error). Y, como no podía ser de otra manera, optó por el negro para un dúo armónico (ese fue el cuarto).

Tras la cena, si realmente aquello que tuvo lugar sobre la mesa puede denominarse con dicho término, las horas siguieron su curso: siempre hacia la derecha en la esfera del reloj. Sí, de agujas (error número cinco para algunos). Para no tirar por tierra su cronología ni hacer de su historia nocturna una lista de acciones a evitar en un futuro, no se enunciarán el resto de cosas que hizo mal al entrar y al salir de los bares que frecuentó mas, si es preciso mencionar el último. El definitivo de ese día (el número veintitrés): no se quitó los calcetines. Y el que no fuese con "su objetivo", no era una escusa lo suficientemente válida.

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