30.4.13

214.


Desde lejos, no se parecían en nada y ese era, sin ninguna duda, el punto clave que le atraía de él. El asunto se transformaba en algo todavía mejor desde cerca: existía mucha más distancia entre sus semejanzas.

Vale que debía admitir que ambos compartían el gusto por el carecer de este mismo. No eran de los que criticaban al resto de mortales por sus elecciones superficiales y exteriores y, tal y como “su ley” narraba: buscaban que se le aplicase el mismo precepto a ellos.

Divagando, comunicaba tener una personalidad fuerte, extrovertida -con aquellas personas que única y exclusivamente elegía- y, sobre todo, cínico: según él “en el buen sentido”.

En su día, esta afirmación fue la causante de una disputa que perdura en el tiempo.

Sinceramente, se desconoce si el detonante fue la acción de pronunciar las palabras mencionadas, de una forma tan sumamente estúpida, o el olor a tabaco de liar -barato e importado- que las acompañaba.

Hoy, la incredibilidad de dichas palabras sigue en aumento. Del olor ya no se sabe nada.

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